domingo, 24 de febrero de 2013

JUSTICIA: HOY, AQUÍ, YA


JUSTICIA: HOY, AQUÍ, YA

Eduardo Sanguinetti
filósofo rioplatense

La comunidad en pleno y al unísono se manifestó indignada, días pasados, ante el atropello que significó remover a la jueza Mariana Mota de su cargo en el fuero penal y pasarla a uno civil, por una decisión de la Corte de Justicia que, ofendiendo la inteligencia de la sociedad toda, intentó justificar el fallo “clandestino” con estúpidas explicaciones acerca del dictamen arbitrario y torpe, ejecutado como en épocas pasadas, donde los juicios sumarios eran moneda corriente.

Mariana Mota es una jueza emblemática en el área de los Derechos Humanos y la lucha contra la impunidad de los delitos cometidos durante la dictadura cívico-militar (1973-1985).

Esta magistrada, que tramitaba más de 50 causas en las que se investiga a militares implicados en crímenes de lesa humanidad, cobró notoriedad en febrero de 2010, cuando en fallo histórico condenó a 45 años de cárcel al ex dictador Juan María Bordaberry y a su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Carlos Blanco.

El pueblo todo desconfía, con razón, de todo lo que acontece, y los interrogantes se multiplican día a día. Hay un valor máximo que es la libertad y luego, la verdad; el resto son procedimientos para conseguirla y lanzarla a los cuatro vientos. A nosotros, el pueblo, nos cuesta admitir cualquier afirmación sostenida con vigor y autoritarismo, porque sí.

Cualquier norma excesivamente definida a favor de los enemigos del pueblo nos pone en alerta y accionamos de inmediato, como en esta instancia donde la denominada Justicia puso al margen de la existencia de una comunidad, que intenta autodeterminarse, una decisión que nos perjudica en todos los aspectos. Significa un atraso, un delito en nombre de la ley, complicidad con genocidas y todo lo que deviene de tales circunstancias adversas a la democracia, en la que creemos existir y contra la memoria de quienes hace años, aguardan se haga justicia.

Entre otras cosas, es indispensable que la fauna de personajes autoritarios, todos bastante ridículos y prepotentes, que siguen teniendo su espacio de poder, como queda explicitado en la resolución de la Corte de Justicia, pareciera afín al sentir de los asesinos, y si no, ¿cómo se explica la remoción de la jueza? No hay razón alguna que asista, salvo los intereses de políticos veteranos y sus cómplices. Las palabras de un militar dejan al descubierto el siniestro y espantoso teatro bufo, articulado en torno a un tema demasiado sensible para ser tratado con tanta impunidad y ligereza.


Y a los que no actuaron, a los que no tomaron una posición sólida ante este fallo, pretendiendo eludir el compromiso, les comento que eludieron la realidad. Y la vida está llena de compromisos, sobre todo el de uno con uno mismo. La vida es optar y adquirir vínculos. Quien pretenda almacenar intacta su capacidad de optar no es libre: es un prisionero de su indecisión.

La persona está constituida por los valores en los que cree, que imprimen en su rostro la huella de su nobleza o de su vulgaridad. Sin duda, la espontaneidad es un valor emergente en la sociedad de nuestros días. Ser espontáneo y natural es algo que hoy, afortunadamente, se valora mucho. Hay una gran pasión por todo lo que significa apertura y claridad, un elogio constante de las conductas que revelan autenticidad.

De todos estos signos de espontaneidad estuvieron marcados los movimientos del pueblo de Uruguay, manifestándose con una sinceridad y espontaneidad que revelaban suma sinceridad, en respuesta clara y sin dobleces a lo acontecido en un espacio, el de la ley, que debiera adoptar y asimilarse al orden natural y al deber ser, convirtiéndolo en un horizonte demasiado cercano adonde arribar, ¡ya! … y será justicia.



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